jueves, 16 de noviembre de 2017

CARL ESPITTELER...EL HIJO PRODIGO...



El Maestre habla...

CARL ESPITTELER...EL HIJO PRODIGO...
Es preciso presentar ahora a Carl Spitteler, nacido en Suiza el 24 de abril de 1845, en una pequeña localidad del cantón de Bale (en Ilestal) donde su padre ocupaba modestas funciones administrativas. El hijo del escribano Spitteler fue enviado a hacer sus estudios en una escuela profesional de Bale (Basilea) y más tarde al instituto pedagógico adscrito a la Universidad donde el joven estudiante siguió particularmente los cursos del gran historiador de la civilización, Jacobo Burckhardt.
En realidad, el joven Spitteler había nacido dibujante y pintor antes que poeta, sin embargo, la epopeya le parecía la solución providencial donde se conciliaban, en una obra única y bien ordenada, todas esas aptitudes diversas que, aisladamente, corrían el riesgo de contradecirse y excluirse mutuamente.
Hombre autoritario, Spitteler padre, no podía tolerar un programa de estudios literarios tan fantasioso y decidió orientar a su hijo hacia los cursos de derecho, para encaminarlo hacia una carrera positiva. El conflicto entre el padre e hijo terminó por revestir tal gravedad que un buen día el joven estudiante desertó del domicilio paterno. Amigos de la infancia recogieron al fugitivo en Lucerna donde al fin encontró empleo. Luego de algunos meses de independencia el hijo pródigo se resignó a volver al hogar familiar que decidió prepararlo para la carrera pastoral. Pero era una vocación que estuvo a punto de terminar mal. Una sola vez el futuro pastor subió al púlpito y esta única experiencia fue seguida de una evasión esta vez irrevocable. El fugitivo aceptó las funciones de preceptor en la familia de un general ruso en San Petersburgo donde supo hacer apreciar sus múltiples talentos a la vez de músico, dibujante, jinete deportivo y hombre de mundo, asimilando sucesivamente tres lenguas: el ruso, el sueco y el finlandés.
Estos siete años pasados en el imperio de los zares marcaron en él una huella indeleble. Allí se despojó de aquello que le quedaba aún de burgués helvético cuyas ridículas pretensiones evocó más tarde en su novela autobiográfica titulada Imago. A su regreso a Suiza, en 1880, publicó esta obra extraña - que Jean-Edouard Spenlé se pregunta si es preciso llamar un libro o una biblia – que durante más de diez años había sido su sueño despierto cuyas figuras formaban de alguna manera partes separadas de él mismo: su primer poema en prosa que tituló Prometeo y Epimeteo.
Libro único en su género y sin precedente en la literatura. Una nueva nota había sido encontrada: el secreto de este estilo bíblico apocalíptico y profético del que, algunos años más tarde, Nietzsche, uno de los primeros lectores de Prometeo, se apoderaría a su vez en su Zarathustra. Como un ardiente breviario de la vida interior, así es preciso leer el Prometeo de Spitteler.
Prometeo y Epimeteo nos trae el documento más personal de la vida de Spitteler, la ardiente profesión de fe de su juventud y también el testamento religioso de sus últimos años. Pero, es en la Primavera Olímpica, en una evocación casi escultural, que uno encuentra el más dichoso florecimiento de su visión de artista, a partir de entonces, calma y serena. Entre estas dos obras hay todo un abismo que separa la edad madura de la juventud. El torrente se disciplinó, se calmó, se asentó. Y quizás hay un poder más real en la fuerza tranquila y límpida de hoy que en el impetuoso impulso y la turbulencia de antaño.

martes, 7 de noviembre de 2017

DE VERACRUZ PARA EL MUNDO El Maestre habla. NIETZSCHE: EL GRAN DEMOLEDOR

DE VERACRUZ PARA EL MUNDO
El Maestre habla.
NIETZSCHE: EL GRAN DEMOLEDOR
Joel Hurtado Ramón

Es Nietzsche quien ha planteado la pregunta, “Goethe es alemán?”. Pregunta muy extraña a primera vista, pero se trataba, para ese gran demoledor de valores en curso, de someter a una escrupulosa crítica el “culto de Goethe” que había tomado en la Alemania guillermina proporciones de una verdadera religión nacional, con sus teólogos, sus dogmas, sus archivos, sus congresos y su vasta cofradía de “especialistas en goethéismo”. Toda Alemania parecía admirarse a sí misma en su poeta. Tocar a Goethe era tocar lo más sagrado que había en un patriota alemán, herir su amor propio en sus susceptibilidades nacionales más sombrías, en el orgullo de su “cultura”. A fin de cuentas, nosotros somos el “pueblo de Goethe” declaraba el filisteo pretendidamente “cultivado” enorgulleciéndose. Esta idolatría pedantesca daba náusea al gran demoledor de ídolos que representaba el autor de “Así hablaba Zarathustra”. No es que se propusiera ciertamente derrumbar la admiración que la persona y la obra de Goethe podían reivindicar legítimamente. Echar del Templo a la plebe de parásitos arrogantes e instaurar un nuevo culto, más personal, más verídico, reservado a una “élite” de conocedores, he ahí el pensamiento en el cual se inspiraba. “Goethe”, decía él, “dejaba tan atrás a los alemanes, que no debe ser considerado como uno de ellos. El representa una fanfarria que ellos lanzan de tiempo en tiempo más allá de las fronteras”. Goethe es el hombre universal, como lo ha dicho uno de los grandes poetas franceses: Paúl Valery, él puede ser colocado no importa en qué tiempo, no importa en medio de qué pueblo, y no parece pertenecer más que por accidente a la raza de la cual forma parte. Esta “universalidad” no representa en Goethe un milagro directamente caído del cielo. Ella fué más bien el fruto lentamente madurado de una larga y perseverante experiencia humana. Para convencerse basta releer las páginas de su Autobiagrafía (en Dichtung und Wahrheit) donde evoca la historia de su infancia en la vieja e imperial ciudad alemana de Frankfurt am Main. El joven Wolfgang Goethe absorbe, revuelto, todo el repertorio francés, Corneille, Racine, Moliere, hasta Destouches, Marivaux, Diderot, Rousseau. “No podéis figuraros”, declaraba más tarde a su fiel confidente Eckermann, “el ascendiente irresistible que ejercían sobre mí, en el tiempo de mi juventud, Voltaire y sus grandes contemporáneos franceses y hasta qué punto sus personalidades dominaban desde lo alto toda la intelectualidad de esa época. Yo no he puesto suficientemente en claro en mi Autobiografía, la influencia que esos hombres han ejercido sobre mi juventud ni he dicho cuántos esfuerzos me ha costado liberarme de su poder y aprender a volar con mis propias alas”.   Esta liberación se produjo en abril de 1770, cuando el joven estudiante de Leipzig se hizo matricular en la Escuela de Derecho de Estrasburgo, con la segunda intención de obtener un puesto en la administración francesa. Es en este año de 1770 que parece en efecto haberse producido ese “primer despertar de la juventud” -Jugendbewegung, como se dirá más tarde- donde se afirma el conflicto entre la nueva generación intelectual alemana y la civilización francesa encarnada en Voltaire. Esta civilización francesa había impuesto, aun en las Cortes alemanas, su lengua, su literatura, sus modas, su vida de sociedad. El francés era la lengua oficial de la diplomacia. Se concibe el sentimiento de indignación que debían sentir esos jóvenes a quienes no se ofrecían más carreras que las de profesor o pastor. El corto período de germanismo agresivo que también Goethe había atravesado no fue más que una crisis pasajera a la cual parece hacer alusión en las últimas partes de su novela “Werther”. Se ha pensado que el pesimismo de Werther tenía al menos en parte su fuente en esta rebelión de la juventud alemana sublevada contra la civilización “a la francesa”. Nada más cuestionable, Werther tuvo éxito mundial. Toda una generación europea fue alcanzada por el contagio wertheriano. Se sabe que el general Bonaparte profesaba la más grande admiración por esa novela que llevaba consigo en Egipto. El menos tocado por la crisis, fue quizás el mismo Goethe. “Esta época wertheriana”, dijo más tarde a Eckermann, “es menos una época particular de la historia que una edad de la vida humana, la edad en que todo individuo, nacido con el sentimiento natural de la libertad se ve obligado a adoptar las formas de un mundo más antiguo. Las trabas que ese mundo pone a su dicha, a su actividad, los rechazos que le impone a sus deseos, son males que no pertenecen a una época particular de la historia, sino que alcanzan a cada individuo; y debería lamentarse aquel que, al menos una vez en la vida, no hubiera atravesado un período, en el cual Werther le pareciera escrito particularmente para él”. Fue en Italia, en Roma, que Goethe tomó conciencia de aquello que su alma de europeo sin patria, desgarrada entre mil solicitaciones contradictorias, llevaba aún en ella de irresoluto e inacabado. Fue allí, ante el espectáculo de la Ciudad Eterna, que se sintió poco a poco calmado, regenerado, acorde con una duración estable y secular. Esa nueva experiencia fundamental, la documentó en una obra que no podía ser terminada más que bajo el cielo de Italia, su Ifigenia en Taúride. “He ahí un hombre!”, exclamó Napoleón viendo entrar en su habitación en Erfurt, a ese Goethe que le había sido representado como el más grande poeta de Alemania. A su vez, e1 poeta había recibido el mismo choque, al  encontrarse frente a frente con el Emperador de los franceses, amo de Europa. Sí, Napoleón era un hombre, lo cual quiere decir que él tenía el privilegio de existir en carne y hueso, como personalidad viviente, llevando en su cerebro una imagen de Europa que no era una pura utopía. Napoleón fue para Goethe el único hombre en el mundo de la política por quien se haya entusiasmado. Así lo confirma J. E. Spenlé. Aun vencido y proscrito, el prisionero de Santa Helena continuaba representando a sus ojos una personalidad providencial comparable a aquella que él mismo había realizado en el orden cultural. Este acercamiento fue señalado por primera vez por Nietzsche. “Dos grandes tentativas”, escribía él, “han sido hechas para traspasar el siglo XVIII. La primera tomó cuerpo en Napoleón que ha resucitado las virtudes del soldado en el hombre, y la guerra de gran estilo, la lucha por el poder concibiendo a Europa como unidad política; y la segunda tentativa, pertenece a Goethe soñando en una cultura europea que reuniría todo aquello que el hombre había realizado en ese dominio”. Sería preciso analizar el volumen notablemente documentado de Ferdinando Baldensperger, titulado Goethe en Francia para hacerse una idea del lugar ocupado en toda nuestra vida artística y literaria por el Maestro de Weimar durante todo el siglo XIX. Fue ante todo el entusiasmo por Werther lo que desencadenó en Francia una epidemia de melancolía wertheriana. Más tarde, el descubrimiento de ese mundo fantástico poblado de apariciones maravillosas donde se desarrollaba el Fausto de Goethe fascinó a una segunda generación romántica, compuesta principalmente por pintores, como Delacroix y músicos como Berlioz, autor de la Condenación de Fausto. Una tercera generación más bien filosófica e histórica, aquella de los Quinet, de los Renan, de los Taine, dedicó un culto más bien ideológico a la Alemania de las grandes ideas religiosas y morales, concentradas en Goethe. Goethe no ha cesado de elevarse y de crecer. Es preciso reconocer en el hecho de su irresistible engrandecimiento, una necesidad profunda de su naturaleza y de ese prodigioso instinto organizador que trabajaba por manifestarse en su persona. Soportaba todo esto sin envanecerse: “Qué soy yo mismo?”, declaraba. “Qué he hecho?”. “Mis obras están nutridas por millares de individuos diversos, por ignorantes y por sabios, por gentes de espíritu y por tontos; todos ellos han venido a ofrecerme sus pensamientos, sus facultades, sus maneras de ser; yo he recogido a menudo la siega que otros habían sembrado. Mi obra es la de un ser colectivo que lleva el nombre de Goethe.

lunes, 6 de noviembre de 2017

PEPE YUNES... Joel Hurtado Ramón

PEPE YUNES...
Joel Hurtado Ramón
¿Quién es Pepe Yunes? José Francisco Yunes Zorrilla,   nombre completo del senador, es el mejor activo, desde mi punto de vista personal, que tiene actualmente el alicaído Partido Revolucionario Institucional en Veracruz.
Recuerdo  que hace algunos años,  tomándome un café en Plaza Cristal, en compañía del  profesor Guillermo Zúñiga Martínez, QEPD, le entró una llamada a su celular  y de inmediato me dijo tenemos que irnos, abordamos su camioneta y nos trasladamos a su casa donde ya lo esperaba Pepe Yunes quien me fue presentado, entrando ellos inmediatamente.  Yo me retiré      en el mismo vehículo, fue la primera vez que lo conocí y saludé. No creo que   lo recuerde. Posteriormente he podido reunirme con él, junto con otros amigos, en diversas ocasiones.
En lo particular siempre he tenido una excelente opinión del senador, como muchas otras personas, quien ha ganado todas sus elecciones en las urnas, excepto una cuando intentó ser por primera vez  senador, experiencia que lo fortaleció y ayudó a crecer personalmente.
Pero volviendo a la pregunta inicial de quien es Pepe Yunes, me remití, para mejor y mayor información a Wikipedia, donde encontré la siguiente y  valiosa información:
Es miembro del Partido Revolucionario Institucional desde 1987 y actualmente es Senador del estado de Veracruz en la LXII Legislatura, donde preside la Comisión de Hacienda. José Yunes está casado y es padre de familia.
Realizó sus estudios de primaria y secundaria en Perote, Ver. y el Bachillerato en México, D.F. En 1996 se tituló como Licenciado en Administración de Empresas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) con la tesis "Administración Municipal: Servicios y Hacienda". Su Maestría en Administración Pública la realizó en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos de Norteamérica.
Durante su gestión como Presidente Municipal de Perote destacó por su trabajo de atención directa a la población, un importante programa de obra pública y la creación de nuevas instituciones de educación.
 Continuando con la información de Wikipedia ha ocupado los siguientes cargos:
Diputado Federal Suplente en la LVII Legislatura
Presidente Municipal de Perote (1998-2000)
Diputado Federal en la LVIII Legislatura
Diputado Local en la LX Legislatura
Diputado Federal en la LXI Legislatura
Senador del estado de Veracruz en la LXII Legislatura
También ha desempeñado las siguientes responsabilidades políticas:
 Presidente fundador de la Fundación Colosio filial Distrital de Perote
Integrante de la Comisión Estatal para el Financiamiento rumbo a la XVIII Asamblea Nacional
 Coordinador Estatal de Foto credencialización en Veracruz
 Secretario del Medio Ambiente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional.
 Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Veracruz.
Sobre Pepe Yunes existe mucha y relevante información que habla muy bien de su perfil político asi es como en el portal WAYBACK MACHINE  encontramos un excelente artículo escrito por Manuel Arguello donde expone lo siguiente: Los orígenes de José Francisco Yunes Zorrilla se remontan a 1969, año en el que nació en el seno de una familia honesta y trabajadora, dedicada a la industria de la transformación, encabezada por don José Abraham Yunes Suárez y doña Ana María Zorrilla.
Desde pequeño desarrolló su sensibilidad para conocer  los problemas sociales, ya que estudió en escuelas públicas, donde se hizo de un sinnúmero de amigos, gracias al carisma tan grande que siempre lo ha caracterizado.
Desde muy joven inició su carrera en la vida política como Diputado Federal suplente en la LVII legislatura en el Congreso de la Unión, posición que le permitió escalar en la vida pública y llegar a la presidencia municipal de Perote en 1998. Al llegar a la Alcaldía, se encontró con un pueblo estancado y sin futuro a pesar de ser el tercero en fundación en América, por lo que se dedicó a mejorar la infraestructura y el desarrollo.
En el año 2000 fue postulado como Diputado Federal por el Distrito de Perote, donde realizó un papel trascendental para la región, siempre comprometido con los sectores más vulnerables.
En el 2004, nuevamente, ganó la diputación local por Perote.
Pepe Yunes, es un político comprometido con la gente, caracterizado por la honestidad y el respeto al prójimo. En el 2007 llegó al comité directivo Estatal del PRI, en donde toda la militancia le reconoció su actitud y atención a los grupos políticos de todos los rincones de la entidad veracruzana.
Para José Francisco Yunes lo más importante   ha sido el trabajo, el respeto y la rectitud, siempre apegado a la responsabilidad en cada puesto público que ha ocupado.
Por su parte la periodista Irene Arceo publicó en el portal virtual EFACICO   que José Francisco Yunes Zorrilla tuvo una infancia y adolescencia disciplinada, conservadora y sin apuros económicos. Su padre es uno de los empresarios de origen libanés más importantes de la región de Perote y sus alrededores.
Pepe Yunes, “No toma, no fuma. Estudió en la Ciudad de México con la holgura y la tranquilidad que da ser un hombre afortunado por las condiciones heredadas por el admirable tesón de su padre. En su andar por la política, Pepe, ha podido comparar los grandes contrastes sociales por las carencias y la pobreza y por eso, considera que tiene una deuda frente a la vida que hay que regresar con el servicio público.
-“No tuve ninguna limitación económica porque soy hijo de un hombre muy trabajador muy responsable que nunca le faltó tiempo ni entereza para generar un ambiente de comodidad para nosotros”. Formado en las más prestigiadas y costosas instituciones educativas del país, como la Universidad La Salle y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Pepe Yunes confesó al colega Edgar Ávila que si pudiese regresar el reloj hubiera aprovechado mejor las oportunidades académicas, porque no era un hombre muy dedicado: se iba al cine, jugaba dominó o se evadía en ensoñaciones….
Su padre, Don José Abraham Yunes Suárez es dueño de la calera “Santa Emilia”, una moderna bloquear, además de bodegas para el ferrocarril, fraccionamientos, el salón social Tannurin (Tannurin es el nombre de una aldea situada en la Caza de Batrun en el Monte Líbano), y ha tenido concesiones de explotación de madera. Aparte, se dedica a la silvicultura, la agricultura, la ganadería y las inversiones, gracias a que es un hombre con fuertes raíces al interior del PRI y ha sido padrino político o mecenas de varios aspirantes a la gubernatura, alcaldías, diputaciones, o senadurías.
De hecho Pepe Yunes, no sería quien es, sin la fuerte presencia de su poderoso y generoso padre: -“Mi papa es un hombre con una profunda sensibilidad política y una gran relación dentro el medio político; es un hombre que ha ayudado mucho, es un hombre al que recuerdo desde que tengo uso de razón, atendiendo a vecinos del municipio, autoridades de las comunidades aledañas que le solicitaban apoyo para una escuela, una iglesia”, dice.
En relación con Don Pepe, al que conocí en Palacio de Gobierno hace muchos años junto a su hermano Julián, QEPD, cuando Demetrio Ruiz Malerva era presidente del CDE del PRI y yo secretario de Capacitación Política, y que pasaron más de cuarenta años  para que me lo volviera a reencontrar sin que se acordara de mí, me comentó que su papá y todos los hermanos eran de Alvarado, y ya investigando ciertamente uno de ellos tuvo una de las primeras, sino es que la primera gasolinera en mi terruño, en la calle Llave, la entrada principal y ahí queda para el anecdotario.
Yunes Zorrilla comenzó a participar en el PRI en 1987 cuando solía acompañar a su papa a mítines y tener contacto con personajes políticos del estado. Su padre es un líder natural con ascendencia moral y política en la localidad y su capacidad para hacer amigos y su fino don de gentes le ha permitido acercar a su entorno a gente muy importante.
Pero Pepe reconoce con gratitud que su verdadero padrino político es el ex dirigente estatal del PRI y ex Secretario de Educación Guillermo Zúñiga, Martínez,
QEPD,  pues su primer cargo fue ser presidente de la Fundación Colosio con ayuda de su papá por la profunda amistad que los unía.
Actualmente, como todos sabemos, el senador es un fuerte aspirante a la candidatura por el PRI a la gubernatura  , con un gran trabajo realizado a lo largo y ancho del estado de Veracruz en sus diferentes cargos representativos, y nosotros como integrante de la Corriente Crítica Democrática, organizada por Ricardo Olivares Pineda, Manuel Ramos Gurrión y Eduardo Thomé,  tuvimos la oportunidad de manifestarle la simpatía que muchos   tenemos por su persona así como otros la  tienen por Héctor Yunes, lo importante es que reine la unidad para que se pueda ganar y rescatar el estado históricamente más liberal de la República mexicana de manos del conservador partido panista.
 Recordemos que la Corriente Crítica Democratizadora  surge de la crisis que atraviesa el Partido Revolucionario Institucional al ser este rechazado por gran parte de la sociedad civil, debido al saqueo indiscriminado y sistemático que se hizo  a las arcas del estado de Veracruz por unos cuantos pillos, posiblemente más de cincuenta, ya que Duarte de Ochoa no operó solo sino que tuvo cómplices que se refugiaron en la impunidad del fuero y en posiciones políticas federales, y que tienen nombre y apellido,  ya que todos los conocemos muy bien y que siguen operando desde el altiplano para conseguir más fuero  y más impunidad.
A la preocupante situación de haberse perdido la gubernatura del estado se sumó la vergonzosa derrota que le siguió con las elecciones municipales donde el PRI por sí mismo, sin alianza, solo ganó tres  municipios y una cabecera distrital importante que fue Orizaba.
La Corriente Crítica Democratizadora también se opone que las futuras posiciones políticas electorales y administrativas se negocien en lo oscurito, y se resuelvan con la influencia y participación, en el altiplano, de los pillos que llevaron a Veracruz a la desastrosa situación que actualmente padece.
También exige que todos estos rateros de cuello blanco sean llevados ante la justicia   para que rindan cuenta de su latrocinio, ya que no debe de haber ni perdón ni olvido.
Si queremos ser congruentes con los sentimientos del pueblo debemos de estar en sintonía con él.
Los retos fundamentales para la Corriente Crítica Democratizadora son fortalecer al PRI, acabar con la inseguridad galopante y creciente, activar la economía  que se encuentra en estado catatónico y recuperar la confianza de la sociedad civil en las instituciones.
Pepe Yunes, para muchos veracruzanos, es el único  que  tiene la posibilidad de lograrlo.
El tiempo lo dirá...
  

jueves, 2 de noviembre de 2017

El Maestre habla... “El siglo de Voltaire”. Joel Hurtado Ramón

El Maestre habla...

“El siglo de Voltaire”.

Joel Hurtado Ramón
Voltaire marca un acontecimiento de primera importancia en la historia del humanismo europeo. Sin embargo, es preciso decirlo, si él ha ejercido en los dominios más variados de la literatura, no ha podido hacerse valer en ninguno. Es Diderot -el más lúcido de sus colaboradores- quien decía: “Este hombre, no es sino el segundo en todos los géneros”. Fréron, su adversario, tenía a su respecto un juicio idéntico: “Yo no creo que sea posible tener más talento que el señor Voltaire. El es tal vez el primero que, a fuerza de talento, ha podido pasar por genio”.
Preocupado por la poesía, tanto como por los placeres, rimó unos versos desvergonzados que le valieron una primera estancia en la prisión de la Bastilla. Un hombre de letras, pensaba, no puede conquistar la gloria más que por una tragedia. Voltaire hizo representar entonces Edipo en el Teatro Francés en 1718. Para consagrar su reputación, emprendió de inmediato una epopeya, La Henriada. Cuando ésta aparece en 1773, Voltaire es consagrado gran hombre. El aprovecha para deslizarse en la Corte, donde gusta a la Reina y va emparejado con los más grandes Señores. Pero, el Caballero de Rohan, a quien había empujado en los bancos del teatro, lo hace bastonear públicamente, después, como Voltaire gritaba un poco fuerte, es encerrado en la Bastilla. El prisionero no puede salir sino prometiendo cruzar a Inglaterra. Ese fue el acontecimiento “providencial” que iba a abrirle todo un nuevo mundo.
Más que por el aspecto político, económico y burgués, es por el lado filosófico y religioso que la vida inglesa retuvo la atención del visitante francés. Ahí tomó nítidamente conciencia de aquello que podría llamarse el motivo central y obsesivo de toda la polémica volteriana, a saber, la guerra declarada a todas las formas y manifestaciones del fanatismo religioso.
Entre las manifestaciones de esta libre expansión de la vida religiosa en Inglaterra, hay una que produjo sobre su pensamiento una impresión particularmente profunda, a saber, la secta de los Cuáqueros (Quakers). Considerándose un retoño directo de la primitiva comunidad cristiana, esa secta no solamente vivía aparte de todo dogma enseñado oficialmente, de toda jerarquía u organización clerical, sino que inclusive rechazaba reconocer cierto número de instituciones políticas o jurídicas que estimaba contrarias al espíritu del Evangelio, tales como el recurso a los tribunales, la prestación de juramento, el servicio en el ejército. Pero aquello que atraía más aún la simpatía de Voltaire por esta secta era su anti-dogmatismo -en términos más modernos su anticlericalismo- que remplazaba el culto por un llamado continuo a la libre inspiración individual. Desgraciadamente su error, a sus ojos, era el de querer a todo precio permanecer como una “secta” cerrada, aparte de la sociedad en la cual ella vivía, y el rechazar su adhesión a las nuevas luces traídas por la filosofía.
Ya que la filosofía-Voltaire estaba cada vez más convencido- es también el privilegio si no de una secta, al menos de una ínfima minoría. “Dividid el género humano en veinte partes”, declaraba, “hay diecinueve compuestas de aquellos que trabajan con sus manos y que no sabrán jamás que existe en el mundo un filósofo llamado Locke. ¿Cuántos hombres que lean se encontrarán en la parte número veinte? Y entre esos mismos hay veinte que leen novelas contra uno que estudia la filosofía. El número de aquellos que piensan es infinitamente pequeño y, a esos, no les vendrá jamás la idea de turbar el mundo”.
El siglo de Voltaire será pues “el siglo de la filosofía”. Pero ¿de qué filosofía se trata? Voltaire quiere ante todo despejar los resultados positivos recogidos durante esos años de observación pasados al otro lado de la Mancha. Aquello que sorprende aquí aún, es la ventaja tomada por los filósofos y los sabios ingleses sobre sus colegas franceses. Aquello que él reprocha a los últimos -y sobre todo a Descartes- es esta filosofía puramente geométrica que se contenta con “aclarar” el pensamiento a la luz del razonamiento sin llegar jamás a un sistema verdaderamente explicativo y constructivo del mundo. Se ha encontrado un hombre en Inglaterra, Newton, que desvela de pronto horizontes aún inexplorados, a continuación de una iluminación resplandeciente. Un día él se paseaba en su jardín, cuando vio de repente caer un fruto de un árbol y esta caída le despertó de inmediato la idea de una “gravitación universal” por la cual debían explicarse los movimientos de los astros.
Aquello que Voltaire trata ante todo de poner a la luz es la admirable atención con la cual el público inglés ha seguido y acogido ese descubrimiento que golpeaba frontalmente las viejas concepciones bíblicas sobre la antigüedad del mundo.
A este respecto, Juan Eduardo Spenlé, escribe (“Voltaire y el Siglo de las Luces”): “Y esto nos trae al problema central del pensamiento filosófico de Voltaire. Si todas estas exploraciones, descubrimientos y explicaciones nuevas de la ciencia están reservadas a una ínfima “élite” y permanecerán siempre como misterios impenetrables a la inmensa mayoría de los hombres, cual será el dominio propio de la filosofía? Queda confinada al interior de un cenáculo de iniciados, los únicos que comprenderán el lenguaje? O bien, no será llevada a crearse medios de difusión -incluso de vulgarización- que bajo una forma más o menos simplificada y arreglada, la harán accesible a un gran público? Frente a este poder del oscurantismo sistemático que representa el fanatismo religioso, tan poderosamente explotado por la Iglesia, no convendría organizar una propaganda en sentido inverso que, por lo menos, paralizaría esa fuerza enemiga, armada de tan temibles amenazas o de tan falaces promesas? He ahí el problema que, más y más, orientará en adelante la actividad del filósofo”.
En 1760, Voltaire se instaló en Ferney, el Voltaire de los últimos años fue llamado “el Rey Voltaire”. Acantonado con su Corte, renovada sin cesar, está en perpetuas conversaciones con sus vecinos inmediatos de la República de Ginebra, a quienes escandalizó por sus aires de gran señor y por las representaciones teatrales organizadas con gran estruendo, a las puertas mismas de la austera y pudibunda ciudad de Calvino.
Como para burlarse de sus vecinos, ha asociado a su persona un jesuita: el Padre Adán, lo cual no le impide mantener correspondencia con Federico II, notorio Franc-Masón. Cuán elocuente en su simplicidad es esa última carta dirigida por el rey filósofo al Rey de Prusia, poco tiempo antes de la muerte del gran Federico:
Es cierto, pues, Señor, que al final los hombres se aclaran y que aquellos que se creen pagados para cegarlos, no son siempre dueños de reventarles los ojos. Gracias sean rendidas a Vuestra Majestad. Vos habéis vencido los prejuicios como a vuestros otros enemigos. Sois vencedor de la superstición y sostén de la libertad germánica. Vivid más largo tiempo que yo, para afirmar los imperios que habéis fundado. Pueda Federico el Grande ser Federico-Inmortal” (París, 1º de abril de 1778).
Cuando apareció el primer volumen de la Enciclopedia, en junio de 1754, Voltaire se encontraba en Berlín y no parece haber prestado gran atención a la invitación un poco ceremoniosa que le enviaban los dos directores, Diderot y d’Alembert.
Diderot ha guardado siempre con respecto a Voltaire un prejuicio desfavorable”, escribe Raynaud Naves en su monografía tan escrupulosamente documentada sobre Voltaire y la Enciclopedia, “el prejuicio del hombre de oficio contra el aficionado, el prejuicio del trabajador contra el inquieto toca-a-todo. Y por su lado Voltaire, considerará siempre a la Enciclopedia como una compilación aburrida, con la actitud desdeñosa del hombre de gusto que quiere interesarse en el trabajo de los obreros, pero que sabe colocarlos en su puesto en la jerarquía literaria. Por otro lado, él mismo había concebido el proyecto de un diccionario filosófico más ligero que debía constituir una especie de manual portátil del hombre honesto”.
Voltaire había adquirido desde hace largo tiempo la convicción de que la inmensa mayoría de los hombres es refractaria a toda independencia de juicio. Él era en el fondo un aristócrata del pensamiento. Así lo ha juzgado más tarde otro representante de la aristocracia intelectual, Federico Nietzsche, quien le ha dedicado su primera gran obra de crítica y análisis moral, tituladaHumano, demasiado humano. Por una maravillosa coincidencia, esta publicación aparecía en el mismo momento de la celebración del centenario de Voltaire, del gran apóstol de la libertad de pensamiento. “Voltaire”, señala a este propósito Nietzsche, “se encontraba en las antípodas de los revolucionarios franceses. El era un gran señor del espíritu, tanto como yo. ‘Aplastad al infame’, he ahí su palabra de orden. Y ésa es también la mía. Sin duda el estado de naturaleza es horrible. El hombre es una bestia de presa. Pero nuestra civilización es una continua victoria lograda sobre esta bestia primitiva”.

Se multiplica riesgo de deshielo en glaciares de Groenlandia

Se multiplica riesgo de deshielo en glaciares de Groenlandia: Mapas muestran que masas de hielo en la costa corren riesgo de derretirse más rápido