domingo, 19 de septiembre de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
LA DROGA
LA DROGA
Joel Hurtado Ramón
Jean Baudrillard afirma que las drogas en general ya no forman parte de los rituales simbólicos de las sociedades industrializadas.
En su ensayo VIOLENCIA PSICODÉLICA: LA DROGA expone que estas se hallan abocadas a fines ulteriores, que suponen un sacrificio calculado de tiempo y de energía, mientras que el uso de drogas considera siempre la inmediatez de un proceso mental y una especie de utopía realizada. Todas las corrientes que preconizaron la realización inmediata de la utopía fueron declaradas heréticas y condenadas como tales en el transcurso del tiempo.
A continuación, por lo actual, me permito transcribir un fragmento del mismo.
La visión que tenemos de las drogas modernas queda algo de esta condena ancestral y del poder oculto heredado de sus antiguas virtudes. Esto equivale a decir que fascinan en la misma medida en que provocan rechazo, y que su ambivalencia es definitiva desde la perspectiva de la razón occidental. Al mismo tiempo que afectan a los cuerpos y los cerebros, «producen estupefacción» en el juicio que pronunciamos sobre ellas.
En el análisis corriente se las consideró largo tiempo como «anómicas» en el sentido que Durkheim daba a este término. Anómicas como cierto tipo de suicidio que caracteriza justamente a los conjuntos sociales de los países industrializados. Formas residuales, marginales, transgresoras, que escapan a la ley, a la organización general, al sistema de valores orgánicos del grupo. Márgenes, pero que no ponen en tela de juicio el principio de la ley y del valor, al que eventualmente pueden integrar en su ciclo.
Muy distinto es el estatuto actual de las drogas, relacionado con otros fenómenos específicamente contemporáneos a los que no llamaré anómicos, sino anomálicos. Lo anomálico ya no es lo que está al margen, en desequilibrio, en déficit orgánico, sino lo que resulta del exceso de organización, de regulación y de racionalización de un sistema. Es lo que viene, como desde el exterior, a contradecir el funcionamiento sin razón aparente, es lo que proviene de la lógica misma, del exceso de lógica y de racionalidad de un sistema que, llegado a cierto umbral de saturación, segrega anticuerpos, su patología interna, sus disfunciones extrañas, sus accidentes imprevisibles e insolubles, sus anomalías.
Esto ya no proviene de una incapacidad de la sociedad para integrar sus márgenes, sino, por el contrario, de una supercapacidad de integración y normalización. Es entonces cuando las sociedades en apariencia todopoderosas se desestabilizan desde el interior, lo cual implica una consecuencia grave, pues cuanto más quiera el sistema reabsorber las anomalías, más entrará en la lógica de la superorganización y más alimentará su crecimiento excéntrico.
Es preciso liberarse de una visión racionalista: en otros tiempos, los márgenes anómicos constituían, para el sistema, la oportunidad de racionalizar más; hoy es la superracionalización del sistema lo que provoca y refuerza los accidentes anomálicos.
Hay que tener en cuenta esta lógica «perversa» y distinguir entre un consumo de drogas vinculado a un desarrollo social y económico insuficiente ,lo que sigue siendo a menudo en los países en vías de desarrollo o entre las clases menos favorecidas, y un consumo vinculado, por el contrario, a la saturación del universo del consumo, a la vez como apogeo y como parodia de este mismo consumo, como anomalía contestataria de un mundo del que había que escaparse porque estaba demasiado lleno y no porque hubiera carecido de algo.
Estamos, pues, en presencia de un consumo que podríamos denominar de «segundo tipo», y que es preciso considerar en relación con todos los procesos de «segundo tipo» que le son contemporáneos y dependen de la misma lógica anomálica. En particular de las formas de violencia de «segundo tipo», las que no provienen de la delincuencia o de la agresión de primer grado, sino de la abreacción ante el exceso de tolerancia de las sociedades industrializadas, ante la superprotección del cuerpo social. El terrorismo es de este orden. Responde a la omnipotencia de los Estados modernos que lo segregan ya no como violencia histórica, sino como violencia anomálica que no pueden estrangular, a no ser que se constituyan en Estados más poderosos todavía, más controlados, más disuasorios, y relancen así la espiral.
De este orden son también las patologías de «segundo tipo», como el sida y el cáncer, que no son ya enfermedades tradicionales debidas a la deficiencia orgánica de ciertos cuerpos expuestos a un ataque exterior, sino que provienen más bien de una desestabilización de los cuerpos superprotegidos, todas las prótesis higiénicas, químicas, médicas, sociales y psicológicas, que, por eso mismo, pierden su poder inmunitario y acaban siendo presa de cualquier virus. Y así como aparentemente no hay solución «política» al problema del terrorismo, tampoco parece haber por ahora una solución biomédica al problema del sida y del cáncer, y por la misma razón. Y es que son procesos anomálicos que contradicen justamente, con una violencia salvaje, reaccional, el superencuadramiento político o biológico del cuerpo social o del cuerpo a secas.
Joel Hurtado Ramón
Jean Baudrillard afirma que las drogas en general ya no forman parte de los rituales simbólicos de las sociedades industrializadas.
En su ensayo VIOLENCIA PSICODÉLICA: LA DROGA expone que estas se hallan abocadas a fines ulteriores, que suponen un sacrificio calculado de tiempo y de energía, mientras que el uso de drogas considera siempre la inmediatez de un proceso mental y una especie de utopía realizada. Todas las corrientes que preconizaron la realización inmediata de la utopía fueron declaradas heréticas y condenadas como tales en el transcurso del tiempo.
A continuación, por lo actual, me permito transcribir un fragmento del mismo.
La visión que tenemos de las drogas modernas queda algo de esta condena ancestral y del poder oculto heredado de sus antiguas virtudes. Esto equivale a decir que fascinan en la misma medida en que provocan rechazo, y que su ambivalencia es definitiva desde la perspectiva de la razón occidental. Al mismo tiempo que afectan a los cuerpos y los cerebros, «producen estupefacción» en el juicio que pronunciamos sobre ellas.
En el análisis corriente se las consideró largo tiempo como «anómicas» en el sentido que Durkheim daba a este término. Anómicas como cierto tipo de suicidio que caracteriza justamente a los conjuntos sociales de los países industrializados. Formas residuales, marginales, transgresoras, que escapan a la ley, a la organización general, al sistema de valores orgánicos del grupo. Márgenes, pero que no ponen en tela de juicio el principio de la ley y del valor, al que eventualmente pueden integrar en su ciclo.
Muy distinto es el estatuto actual de las drogas, relacionado con otros fenómenos específicamente contemporáneos a los que no llamaré anómicos, sino anomálicos. Lo anomálico ya no es lo que está al margen, en desequilibrio, en déficit orgánico, sino lo que resulta del exceso de organización, de regulación y de racionalización de un sistema. Es lo que viene, como desde el exterior, a contradecir el funcionamiento sin razón aparente, es lo que proviene de la lógica misma, del exceso de lógica y de racionalidad de un sistema que, llegado a cierto umbral de saturación, segrega anticuerpos, su patología interna, sus disfunciones extrañas, sus accidentes imprevisibles e insolubles, sus anomalías.
Esto ya no proviene de una incapacidad de la sociedad para integrar sus márgenes, sino, por el contrario, de una supercapacidad de integración y normalización. Es entonces cuando las sociedades en apariencia todopoderosas se desestabilizan desde el interior, lo cual implica una consecuencia grave, pues cuanto más quiera el sistema reabsorber las anomalías, más entrará en la lógica de la superorganización y más alimentará su crecimiento excéntrico.
Es preciso liberarse de una visión racionalista: en otros tiempos, los márgenes anómicos constituían, para el sistema, la oportunidad de racionalizar más; hoy es la superracionalización del sistema lo que provoca y refuerza los accidentes anomálicos.
Hay que tener en cuenta esta lógica «perversa» y distinguir entre un consumo de drogas vinculado a un desarrollo social y económico insuficiente ,lo que sigue siendo a menudo en los países en vías de desarrollo o entre las clases menos favorecidas, y un consumo vinculado, por el contrario, a la saturación del universo del consumo, a la vez como apogeo y como parodia de este mismo consumo, como anomalía contestataria de un mundo del que había que escaparse porque estaba demasiado lleno y no porque hubiera carecido de algo.
Estamos, pues, en presencia de un consumo que podríamos denominar de «segundo tipo», y que es preciso considerar en relación con todos los procesos de «segundo tipo» que le son contemporáneos y dependen de la misma lógica anomálica. En particular de las formas de violencia de «segundo tipo», las que no provienen de la delincuencia o de la agresión de primer grado, sino de la abreacción ante el exceso de tolerancia de las sociedades industrializadas, ante la superprotección del cuerpo social. El terrorismo es de este orden. Responde a la omnipotencia de los Estados modernos que lo segregan ya no como violencia histórica, sino como violencia anomálica que no pueden estrangular, a no ser que se constituyan en Estados más poderosos todavía, más controlados, más disuasorios, y relancen así la espiral.
De este orden son también las patologías de «segundo tipo», como el sida y el cáncer, que no son ya enfermedades tradicionales debidas a la deficiencia orgánica de ciertos cuerpos expuestos a un ataque exterior, sino que provienen más bien de una desestabilización de los cuerpos superprotegidos, todas las prótesis higiénicas, químicas, médicas, sociales y psicológicas, que, por eso mismo, pierden su poder inmunitario y acaban siendo presa de cualquier virus. Y así como aparentemente no hay solución «política» al problema del terrorismo, tampoco parece haber por ahora una solución biomédica al problema del sida y del cáncer, y por la misma razón. Y es que son procesos anomálicos que contradicen justamente, con una violencia salvaje, reaccional, el superencuadramiento político o biológico del cuerpo social o del cuerpo a secas.
lunes, 13 de septiembre de 2010
RECLUTAMIENTO POLÌTICO
CAMALEÓN
Alfredo Bielma
2010-09-13 / 21:42:15
Reclutamiento Político
Un fenómeno social que ha sufrido el impacto de la transición y la alternancia es el reclutamiento político, un concepto que nos sirve para analizar la forma en cómo se renuevan los mandos político-administrativos, y conocer a quienes actúan en la arena política, su origen y su proyección, así como los porqués de su incorporación al tinglado de la cosa pública.
En la colaboración inmediatamente anterior escribimos que a partir de la presidencia del Lic. Miguel Alemán Valdez se produjo el radical relevo de los mandos públicos federales con el traspaso de estos a una nueva clase política, encabezada fundamentalmente por civiles escolarizados. Mencionamos también que el arribo de Luís Echeverría a la presidencia de la república había sido un relevo atípico debido a que personificaba un reclutamiento proveniente de las filas de la burocracia administrativa y no de la partidista. Cinco lustros más tarde sobrevino la etapa conocida como de los “tecnócratas”, iniciada con Miguel de la Madrid y proseguida al pie del guión por Carlos Salinas de Gortari, su gran gurú.
El periodo presidencial de Miguel Alemán se constituye en un eslabón que une dos etapas políticas, la del militarismo en el gobierno y la de políticos, formados en aulas universitarias, unos y en los sindicatos, las organizaciones campesinas y en las filas del partido oficial, que por efectos del corporativismo ingresaron a la política, los otros. Por supuesto, aunque aparte, allí también encajan aquellos que se iban formando en cargos burocráticos y que por su especialidad tenían escasa competición. Esta es una de las razones por las que los escasos economistas que había en México (la escuela de economía de la Universidad Nacional se había creado en 1929 y convertido en facultad hasta 1935) eran inmediatamente incorporados a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
A través del reclutamiento podemos observar con meridiana claridad la creación, evolución e integración de las élites del poder y de las redes tendidas para conservarlo y aún proyectarse en el tiempo. “Como confirmación del relevo generacional en la nueva clase política mexicana Miguel Alemán integró su gabinete con amigos y conocidos desde las aulas universitarias. De 107 colaboradores de alto nivel, 88 de ellos (84%) poseían títulos universitarios, de los cuales 45 (56%) coincidieron en las aulas de la UNAM con el presidente, 40 de ellos en la Facultad de Derecho”. (Puede leerse en el libro escrito por quien esto suscribe: “El Fin de una Era”, editado por el Colegio de Veracruz y que próximamente será presentado).
Miguel Alemán extendió una red de poder de gran alcance, territorial y temporal. Ha sido el ex presidente que concentró más poder entre los grupos financieros, económicos y políticos, con gentes que le eran afines. Salvo Cárdenas, cuya influencia ideológica trascendió con creces a su sexenio, ningún otro ex presidente permaneció en las redes del poder como Miguel Alemán Valdés. Largo sería ejemplificar los porqués de este fenómeno pero basta una somera muestra:
Entre muchos otros, promovió como gobernador de Guanajuato a José Aguilar y Maya (1949-1955), quien en el siguiente gobierno federal fue Procurador; A Antonio Carrillo Flores lo nombró Director de Nafinsa (1946-1952), después ocupó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (1952-1958), fue embajador en los Estados Unidos (1958-1964), Secretario de Relaciones Exteriores (1964-1970) y Director de la CFE (1970-1972). Adolfo López Mateos, senador (1946-1952); Coordinador de la campaña de Ruiz Cortines a la presidencia de la república, en 1952, Secretario del Trabajo 1952-1958 y Presidente de la República (1958-1964).
Gustavo Díaz Ordaz, senador (1946-1952); 1958-1964, secretario de gobernación y 1964-1970 presidente de la república; Fernando López Arias, senador (1946-1952); Secretario de Patrimonio 1952-1953; Procurador General 1958-1962; gobernador de Veracruz (1962-1968). Algunos más de no menor importancia: Donato Miranda Fonseca, senador (1946-1952), Secretario de la Presidencia en el gobierno de López Mateos y en esa instancia aspiró a ser presidente de la república; Fernando Casas Alemán, Jefe del Departamento del Distrito Federal con Alemán; Gabriel Ramos Millán, Carlos I Serrano, Andrés Serra Rojas, Rogelio de la Selva, Antonio Ortiz Mena, y muchos etcéteras más que explican cómo a través de esa red de amigos y ex colaboradores el ex presidente Alemán extendió el radio de su influencia más allá de su mandato pues a su vez cada cual era un reclutador de prospectos a los cargos políticos y de la administración pública. Con Miguel Alemán, se decía en la etapa más optimista de su gobierno, la Revolución se bajó del caballo para subirse a un Cadillac.
Ahora bien, ¿a partir de qué sexenio de gobierno el reclutamiento comenzó a procurarse desde áreas distintas al Partido? porque “Un detalle que señalaba en toda su extensión el perfil de “tecnócrata” de Miguel de la Madrid se expresó en la composición de su gabinete en el que dos terceras partes de los Secretarios contaban con posgrados, la mayoría (62.4%) obtenidos en el extranjero y un 18.4% de la UNAM. “La mayoría de funcionarios del poder ejecutivo durante el gobierno de De la Madrid que recibieron títulos universitarios en el extranjero (352) estudiaron en Estados Unidos. Por otra parte, 16.7% y 15.9% lo hicieron en Inglaterra y Francia, respectivamente…” un detalle que pudiera explicar por qué se afirmaba que el reclutamiento político era cada vez más elitista y alejado de las promociones del Partido del gobierno”. (El Fin de una Era)
Para cerrar el tema, no concluirlo, cabe la pregunta ¿con la llegada de los tecnócratas a la cima del poder el reclutamiento se abastece de fuentes ajenas al Partido privilegiando las del Banco de México y la Secretaría de Hacienda?
En esa lógica, a partir de la alternancia y en pleno proceso de transición, el fenómeno descrito ¿es perceptible actualmente en el Estado de Veracruz? En base a ¿qué criterios se apuntala el reclutamiento de colaboradores para integrar el próximo gabinete del gobierno veracruzano encabezado por Javier Duarte de Ochoa? Un expediente que bien vale otro capítulo.
alfredobielmav@hotmail.com
Septiembre 2010
Alfredo Bielma
2010-09-13 / 21:42:15
Reclutamiento Político
Un fenómeno social que ha sufrido el impacto de la transición y la alternancia es el reclutamiento político, un concepto que nos sirve para analizar la forma en cómo se renuevan los mandos político-administrativos, y conocer a quienes actúan en la arena política, su origen y su proyección, así como los porqués de su incorporación al tinglado de la cosa pública.
En la colaboración inmediatamente anterior escribimos que a partir de la presidencia del Lic. Miguel Alemán Valdez se produjo el radical relevo de los mandos públicos federales con el traspaso de estos a una nueva clase política, encabezada fundamentalmente por civiles escolarizados. Mencionamos también que el arribo de Luís Echeverría a la presidencia de la república había sido un relevo atípico debido a que personificaba un reclutamiento proveniente de las filas de la burocracia administrativa y no de la partidista. Cinco lustros más tarde sobrevino la etapa conocida como de los “tecnócratas”, iniciada con Miguel de la Madrid y proseguida al pie del guión por Carlos Salinas de Gortari, su gran gurú.
El periodo presidencial de Miguel Alemán se constituye en un eslabón que une dos etapas políticas, la del militarismo en el gobierno y la de políticos, formados en aulas universitarias, unos y en los sindicatos, las organizaciones campesinas y en las filas del partido oficial, que por efectos del corporativismo ingresaron a la política, los otros. Por supuesto, aunque aparte, allí también encajan aquellos que se iban formando en cargos burocráticos y que por su especialidad tenían escasa competición. Esta es una de las razones por las que los escasos economistas que había en México (la escuela de economía de la Universidad Nacional se había creado en 1929 y convertido en facultad hasta 1935) eran inmediatamente incorporados a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
A través del reclutamiento podemos observar con meridiana claridad la creación, evolución e integración de las élites del poder y de las redes tendidas para conservarlo y aún proyectarse en el tiempo. “Como confirmación del relevo generacional en la nueva clase política mexicana Miguel Alemán integró su gabinete con amigos y conocidos desde las aulas universitarias. De 107 colaboradores de alto nivel, 88 de ellos (84%) poseían títulos universitarios, de los cuales 45 (56%) coincidieron en las aulas de la UNAM con el presidente, 40 de ellos en la Facultad de Derecho”. (Puede leerse en el libro escrito por quien esto suscribe: “El Fin de una Era”, editado por el Colegio de Veracruz y que próximamente será presentado).
Miguel Alemán extendió una red de poder de gran alcance, territorial y temporal. Ha sido el ex presidente que concentró más poder entre los grupos financieros, económicos y políticos, con gentes que le eran afines. Salvo Cárdenas, cuya influencia ideológica trascendió con creces a su sexenio, ningún otro ex presidente permaneció en las redes del poder como Miguel Alemán Valdés. Largo sería ejemplificar los porqués de este fenómeno pero basta una somera muestra:
Entre muchos otros, promovió como gobernador de Guanajuato a José Aguilar y Maya (1949-1955), quien en el siguiente gobierno federal fue Procurador; A Antonio Carrillo Flores lo nombró Director de Nafinsa (1946-1952), después ocupó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (1952-1958), fue embajador en los Estados Unidos (1958-1964), Secretario de Relaciones Exteriores (1964-1970) y Director de la CFE (1970-1972). Adolfo López Mateos, senador (1946-1952); Coordinador de la campaña de Ruiz Cortines a la presidencia de la república, en 1952, Secretario del Trabajo 1952-1958 y Presidente de la República (1958-1964).
Gustavo Díaz Ordaz, senador (1946-1952); 1958-1964, secretario de gobernación y 1964-1970 presidente de la república; Fernando López Arias, senador (1946-1952); Secretario de Patrimonio 1952-1953; Procurador General 1958-1962; gobernador de Veracruz (1962-1968). Algunos más de no menor importancia: Donato Miranda Fonseca, senador (1946-1952), Secretario de la Presidencia en el gobierno de López Mateos y en esa instancia aspiró a ser presidente de la república; Fernando Casas Alemán, Jefe del Departamento del Distrito Federal con Alemán; Gabriel Ramos Millán, Carlos I Serrano, Andrés Serra Rojas, Rogelio de la Selva, Antonio Ortiz Mena, y muchos etcéteras más que explican cómo a través de esa red de amigos y ex colaboradores el ex presidente Alemán extendió el radio de su influencia más allá de su mandato pues a su vez cada cual era un reclutador de prospectos a los cargos políticos y de la administración pública. Con Miguel Alemán, se decía en la etapa más optimista de su gobierno, la Revolución se bajó del caballo para subirse a un Cadillac.
Ahora bien, ¿a partir de qué sexenio de gobierno el reclutamiento comenzó a procurarse desde áreas distintas al Partido? porque “Un detalle que señalaba en toda su extensión el perfil de “tecnócrata” de Miguel de la Madrid se expresó en la composición de su gabinete en el que dos terceras partes de los Secretarios contaban con posgrados, la mayoría (62.4%) obtenidos en el extranjero y un 18.4% de la UNAM. “La mayoría de funcionarios del poder ejecutivo durante el gobierno de De la Madrid que recibieron títulos universitarios en el extranjero (352) estudiaron en Estados Unidos. Por otra parte, 16.7% y 15.9% lo hicieron en Inglaterra y Francia, respectivamente…” un detalle que pudiera explicar por qué se afirmaba que el reclutamiento político era cada vez más elitista y alejado de las promociones del Partido del gobierno”. (El Fin de una Era)
Para cerrar el tema, no concluirlo, cabe la pregunta ¿con la llegada de los tecnócratas a la cima del poder el reclutamiento se abastece de fuentes ajenas al Partido privilegiando las del Banco de México y la Secretaría de Hacienda?
En esa lógica, a partir de la alternancia y en pleno proceso de transición, el fenómeno descrito ¿es perceptible actualmente en el Estado de Veracruz? En base a ¿qué criterios se apuntala el reclutamiento de colaboradores para integrar el próximo gabinete del gobierno veracruzano encabezado por Javier Duarte de Ochoa? Un expediente que bien vale otro capítulo.
alfredobielmav@hotmail.com
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